Regreso del trabajo
a echarle agua a esas matas
del balcón que rehúsan
florecer.
Por supuesto, no rechazan
el trago y su verde espeso
y vivo es una afrenta a lo que
queda de mí a esta hora.
Así que abro una cerveza,
y por lo menos transamos,
estas matas y yo, compartir
el olor a tierra húmeda
en la última luz.
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